El exoesqueleto que ayuda a volver a caminar

Parecen cosas de la ciencia ficción, los vemos volando en el cine, o como robots que nos sirven o amenazan nuestra existencia…. pero y …¿si fueran ellos, los que nos ayudaran a recuperar el movimiento que las lesiones medulares o los accidentes cerebrovascu­lares generan?.

Lo cierto es que aquí, ya, en la vida real, el exoesqueleto podría ser el ayudante más revolucionario en el sector de la rehabilitación de personas con problemas de movilidad.

La española y en concreto guipuzcoana Gogoa Mobility Robots es una de la cinco empresas en todo el mundo que fabrican estos equipamientos médicos.

De momento, la realidad son los exoesqueletos, una especie de armazón articulada que se pega al cuerpo como una segunda osamenta y que facilita y mejora la recuperación de la movilidad en pacientes con este tipo de daños.

HANK es un exoesqueleto de miembro inferior no robótico; con un modelo de movimiento lo más natural posible, por lo que el proceso de rehabilitación es más rápido y mejor.

Esta diseñado para la rehabilitación de adultos entre 1,50 y 1,95 m de altura, con un peso corporal máximo de 100 kg, como pacientes con derrame cerebral tras sufrir insultos neurológicos. También se puede utilizar para la compensación de la marcha en pacientes con parálisis de las extremidades inferiores después de lesiones de la médula espinal. Está concebido para el entrenamiento de la marcha sobre el suelo en un entorno clínico como un dispositivo portátil bilateral con seis grados de libertad (DoF), en el que cadera, rodilla y tobillo son articulaciones motorizadas. El diseño mecánico se basa en varios criterios: un diseño de exoesqueleto debe ser ergonómico, cómodo y ligero, con una estructura fuerte, adaptable a diferentes usuarios y con la seguridad en mente. En HANK, el aluminio 7075 se utiliza principalmente en la estructura mecánica teniendo en cuenta la resistencia mecánica y la ligereza.

El dispositivo final pesa unos 12 kg, incluyendo su batería. El marco del exoesqueleto tiene montantes bilaterales para el muslo y la pierna, cadera, rodilla y tobillos articulados y reposapiés articulados (distal) y un soporte para la cintura (proximal). El rango de movimiento (ROM) en las articulaciones actuadas está limitado mecánicamente por razones de seguridad.

“Gogoa Mobility Robots es la primera empresa europea que ha conseguido la homologación como fabricante de este tipo de equipamiento médico”, declara Carlos Javier Fernández, ingeniero mecatrónico (diseño y construcción de maquinaria como robots y productos inteligentes) y director general de esta compañía española.

El exoesqueleto y producto estrella de Gogoa se llama Hank, el primero con certificado CE, y es una estructura portátil que permite tratar a pacientes con lesiones que afectan a la movilidad de las extremidades inferiores.

El dispositivo es muy ligero y permite una marcha natural, subir y bajar escaleras y rampas  y tiene un sistema de control por voz.

A pesar de “los buenos resultados contrastados de los exoesqueletos, en España solo hay diez funcionando y tanto la sanidad pública como la privada son reacias a incorporarlos.
Lo ven como algo de ciencia ficción y no como una realidad”, reconoce el portavoz de la empresa vasca. Se tardan “dos días en su fabricación y cuestan 60.000 euros, frente a los 120.000 de nuestros competidores”, apunta.

A pesar de su éxito y del futuro de la robótica avanzada, en España “no hemos conseguido atraer el interés de los inversores, pese a que hemos tocado muchas puertas”, se lamenta Fernández. “En un sector como el biomédico el retorno de la inversión es más lento, pero seguro”

Hank es el único en el mundo con seis articulaciones motorizadas que permiten un movimiento más natural, subir y bajar escaleras o andar en rampas; con el resto de exoesqueletos solo se puede caminar en llano. Es el más ligero del mercado, con tan solo 14 kilos de peso, batería incluida, y puede ser manejado por el paciente. Solo él incorpora un sistema de control por voz.