China, un país poco accesible

James Ballardie y su novia ya llevaban once meses viajando por el mundo – Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Estados Unidos, Japón y Corea del sur– antes de llegar a China… tal y como explica el propio James en su blog. Sin planificar, en absoluto, las etapas del viaje, esta pareja de trotamundos simplemente van disfrutando de sus viajes… siempre dispuestos a enfrentarse a lo que se tengan que enfrentar. Según señalan las anotaciones que James hizo en su blog, todo iba más o menos bien hasta que llegaron a China, país en la que casi encontraron una sola situación más o menos favorable a su medio de transporte: que la mayoría de las ciudades chinas están construidas sobre una orografía plana. A partir de ahí, el simple tránsito por las ciudades –los chinos no se caracterizan, precisamente, por respetar las normas de tráfico- se convirtió en toda una odisea.

James Ballardie en la Gran Muralla

A la hora de cruzar las calles, sobre todo en las grandes ciudades, los chinos forman verdaderos enjambres humanos… como modo de protección de masa frente a los coches. Es fácilmente imaginable lo difícil que debe ser meterse en uno de estos enjambres… sentado en una silla de ruedas y con los codos de los viandantes a la altura de la cabeza. Otra problemática: la mayoría de las carreteras chinas, a su paso por las ciudades, van entre altas vallas y la única manera de atravesarlas es utilizando puentes o pasos subterráneos… siempre con escalones. ¿Los ascensores? Cuando existen, o están rotos o funcionan con una llave que James Ballardie y su novia rara vez supieron encontrar.James Ballardie cruzando una calle

 

Las costumbres arquitectónicas de los chinos tampoco ayudan al viajero en silla de ruedas. Y es que muchos edificios chinos, sobre todo aquellos de cierta antigüedad, tienen una traviesa de madera atravesando la parte inferior de las puertas de acceso. Así que a James no le queda otra que bajarse de la silla, salvar el paso del madero, levantar la silla de ruedas y volverse a sentar. Esto, unas 30 ó 40 veces cada día. ¿La razón de estos maderos? Mantener a los espíritus malignos fuera de las casas.

 

No sin cierto humor, James destaca las excepciones de accesibilidad que encuentra en la poco accesible China: la abundancia de rampas en la ciudad de Chengdu, el policía que le ayuda a tomar el tren en Xian, la pareja en la estación de Shenzhen que les prestó el cambio correcto para una máquina expendedora… o el estudiante de biología, en la estación de Hangzhou, que les ayudó a encontrar al guardia que tenía la llave para el ascensor.

James Ballardie tratando de acceder a la Gran Muralla

Pepe Varela